Facultad de Ciencias Jurídicas y del Trabajo

La industria alimentaria estrecha el cerco sobre el aceite de palma

Bollería, tartas, cereales, pizzas precocinadas, congelados, margarinas, chocolates, patatas fritas... Son alimentos cotidianos en los que, en buena parte de ellos, se utiliza en su composición el aceite de palma, que se puede encontrar prácticamente en la mitad de los productos que compramos en el supermercado. Se empezó a emplear como una alternativa a las grasas hidrogenadas, nocivas para la salud, y por sus múltiples ventajas, como su textura untuosa, su ausencia de olor, su mayor resistencia térmica o su efecto conservante natural.

Sin embargo, estas bondades para la industria pueden no serlo tanto para la salud humana. Se trata de un grasa vegetal, pero, a diferencia de otras, es de carácter saturado y puede ser más peligrosa aún que las animales. Su consumo abusivo es uno de los causantes del colesterol malo, el LDL, lo que a su vez supone un factor de riesgo para las enfermedades coronarias. Al menos esta es la advertencia que desde hace tiempo vienen lanzando instituciones sanitarias como la propia OMS o la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).


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